Convertir cualquier viaje en un Gran Viaje

En el post anterior reflexionaba sobre qué es un Gran Viaje. Aquí me gustaría compartir mis recomendaciones para convertir cualquier viaje en un Gran Viaje.

  • Afronta el viaje con curiosidad – No te quedes sólo con las atracciones principales, disfruta del destino en su totalidad, y para ellos debes tener los ojos, los oídos y la mente bien abiertos! Observa, escucha, huele, saborea y siente lo que te rodea.
  • Habla con la gente local. Infórmate de las costumbres locales, y si actúas con respeto, te verás recompensado con hospitalidad y momentos increíbles que no salen en las guías…
  • Aprende algunas palabras del idioma local, te sorprenderá la mágica reacción que puede tener un hola o un gracias.
  • Prueba la comida tradicional, a veces te sorprenderá, a veces te encantará y a veces no te gustará nada, pero siempre será una experiencia
  • No lo tengas todo programado, deja tiempo para explorar y disfrutar de los sitios. La flexibilidad es un ingrediente imprescindible en un Gran Viaje.
  • No tengas miedo a perderte. Y si te pierdes, pregunta! Es una excusa perfecta para experimentar el punto número 2.
  • Párate de vez en cuando, tómate un café o una cerveza o lo que quieras y disfruta de donde estás.
  • No vivas todo el viaje a través del objetivo de tu cámara o tu teléfono, te perderás muchas cosas.
  • Olvídate de casa, y de las redes sociales, no te digo que no actualices tu perfil con esa foto tan chula en lo alto de Angkor Wat, pero que no sea el factor dominante en tu viaje.
  • Usa el sentido común, fundamental para disfrutar de todo lo anterior de forma segura.

Hace ya algunos años estaba trabajando de guía en Egipto y mi madre vino a verme. Hicimos un pequeño recorrido por el país, y entre otras cosas, reservé un crucero precioso por el Nilo para que mi madre disfrutara. Partimos de Asuán hacia Luxor, y la primera noche atracamos junto al bello templo de Kom Ombo, que estaba previsto visitar por la mañana. Tras la cena todo el pasaje se fue a dormir, lo que no podía entender, con lo bello que estaba el templo iluminado. Yo conocía bien el sitio de visitas anteriores, aunque siempre a bordo de más modestas embarcaciones, las típicas falúas de vela egipcias. Así que salimos a disfrutar del templo (del exterior, ya que obviamente estaba cerrado), y nos hicimos varias fotos a luz de la luna. Más tarde nos sentamos en el agradable café nubio que hay frente al templo y junto al río. Como Mohamed, el dueño, era buen amigo, llevó a mi madre a dar de comer a los camellos, la vistió con la típica ropa Nubia, y nos contó historias de su pueblo y sus tradiciones mientras disfrutábamos de un té y una shisha o narguilé, la tradicional pipa de agua árabe. Aquella noche junto a la ribera del Nilo, mientras el resto del crucero dormía, sigue siendo uno de los mejores recuerdos que mi madre tiene de ese viaje, y si le preguntas sobre Egipto, será lo primero que te cuente, y con todo detalle, como si hubiera pasado ayer. También os podría contar cómo fuimos en burro al valle de los reyes, pero esa es una historia para otro día…

La moraleja es que no hay viaje ni grande ni pequeño, y que dependerá en gran medida de cada uno, tanto de nuestras vivencias anteriores como de la actitud con la que afrontemos el viaje, y las expectativas que tengamos del mismo. En Qadima nos encanta ayudarte a elegir el viaje perfecto para ti y poner todo de nuestra parte para que cada viaje sea un Gran Viaje

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